Marco Longari/AFP/Getty Images

La promesa de la política identitaria liberal

SANTIAGO – Pronunciar las palabras política identitaria hoy en día conlleva el riesgo de que se desate una polémica. En la izquierda estadounidense, casi toda la política es de esta índole, lo que saca de quicio a la derecha de ese país. Y no solo a la derecha: intelectuales liberales como Mark Lilla de la Universidad de Columbia sostienen, de manera cada vez más persuasiva, que la política identitaria es mala como política electoral. Según afirman, es muy posible que la culpa de que Donald Trump haya sido elegido recaiga en un Partido Demócrata débil, que es poco más que un mosaico compuesto por una infinidad de grupos diferentes, basados cada uno en su propia identidad.

El problema es que algunos críticos de la política identitaria en Estados Unidos presumen que en realidad existe política desligada de la identidad. Sin embargo, al echar un vistazo alrededor del mundo se advierte exactamente lo opuesto: lo que tienen en común los partidarios del Brexit, los nacionalistas rusos y los fundamentalistas islámicos es que todas sus posturas políticas se relacionan con la identidad. Y ¿qué es la violenta reacción contra la inmigración si no la afirmación de la primacía de una identidad sobre otra? Mientras más globalizada se vuelve la economía, más depende la política alrededor del mundo de identidades muy locales. 

¿Por qué es preocupante esto? Y ¿qué se puede hacer a su respecto?

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