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Que los escépticos de las finanzas tomen el control

CAMBRIDGE – Ha comenzado la carrera para ocupar el puesto de política económica más importante del mundo. El período del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos Ben Bernanke termina en enero, y el presidente Barack Obama debe decidir antes de entonces si volver a nombrar a Bernanke o decidirse por otra persona con antecedentes demócratas más sólidos. Los nombres que se mencionan más a menudo son Larry Summers y Janet Yellen.

Se trata de una decisión de grandes consecuencias no solamente para Estados Unidos, sino para la economía mundial. Como guardianes de la oferta de dinero y encargados de fijar los tipos de interés de corto plazo, los bancos centrales siempre han jugado un papel fundamental. Si se reducen demasiado los tipos de interés, se producirá inflación e inestabilidad monetaria. Si se elevan mucho, la economía cae en la recesión y el desempleo.

La política monetaria no tiene mucho de ciencia, por lo que todo encargado de un banco central debe ser humilde. Debe ser consciente de los límites de su comprensión y de la eficacia de las herramientas que están a su disposición. Sin embargo, no puede darse el lujo de que lo perciban como indeciso, ya que eso no haría más que invitar a una especulación financiera desestabilizadora.

De hecho, con lo importantes que son sus funciones, en las últimas décadas el peso de los bancos centrales ha aumentado debido al desarrollo de los mercados financieros. A pesar de que no han sido designados formalmente como tales, se han convertido en guardianes de la buena salud de los mercados financieros. La debacle de las hipotecas de alto riesgo ha puesto dolorosamente en evidencia los peligros de fracasar en esta tarea. Bajo las nuevas reglas que Obama ha propuesto, la Fed tendrá responsabilidades todavía mayores, deberá prevenir las crisis financieras y asegurarse de que los bancos no asuman niveles de riesgo demasiado altos.