1

Enseñanzas que se desprenden de Tiananmen

NUEVA YORK – Resulta escalofriante pensar que, veinte años exactamente después de la “matanza de Tiananmen”, pocos ciudadanos jóvenes de la República Popular de China tienen demasiada idea de lo que ocurrió en aquella ocasión. Muchos ciudadanos chinos desarmados murieron a manos del Ejército de Liberación Popular el 4 de junio de 1989, no sólo en las cercanías de la plaza de Tiananmen, sino también en ciudades de toda China. La mayoría no eran estudiantes, que iniciaron la manifestación pacífica contra la corrupción y la autocracia, sino trabajadores comunes y corrientes, la clase de personas a las que un partido comunista debería representar.

Los jóvenes no saben nada al respecto, porque la mayoría de los padres han guardado un silencio absoluto al respecto para que ni sus hijos ni ellos tengan problemas y porque ese asunto nunca aparece en los medios de comunicación oficiales chinos; es tabú. Se clausuran los sitios web que hablan de los acontecimientos de 1989. Se interceptan los mensajes de correo electrónico. Se detiene con frecuencia a las personas que insisten en hablar de ellos en público.

En 1989, Zhao Ziyang era Secretario General del Partido Comunista. Aunque no era un demócrata, sentía simpatía por los estudiantes que se manifestaban. Como se oponía a los partidarios de la línea dura de su gobierno, fue sometido a detención domiciliaria hasta su muerte en 2005 y hubo que sacar clandestinamente sus memorias en casetes, disimulados como grabaciones de la Ópera de Pekín. Se acaban de publicar en inglés y en chino, pero no se pueden distribuir legalmente en China.

El libro de Zhao inspirará sin lugar a dudas más debates sobre las enseñanzas que se desprenden del “cuatro de junio”. Son debates necesarios. Ojalá pudieran celebrarse en China. Una corriente de opinión muy poderosa y que surgió casi tan pronto como comenzó la matanza en 1989 sostenía que los dirigentes estudiantiles más radicales habían sido imprudentes. Deberían haber comprendido claramente que era inevitable una represión implacable. Al provocar al régimen, los estudiantes desbarataron cualquier posibilidad de reforma política lenta, que sus mayores más moderados habían puesto en marcha cuidadosamente.