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Acompañamiento desde arriba

PARIS – La intervención militar de Francia en Mali está transcurriendo aprisa y la reciente caída de Timbuktu representa un hito importante en el esfuerzo por derrotar a los rebeldes islamistas que tomaron control del norte del país. En términos más generales, el aparente éxito de la intervención subraya tres puntos esenciales.

Primero, confirma que Francia conserva la capacidad de actuar como el impulsor de Europa. Francia tiene una fuerza militar importante que, además, puede desplegarse rápidamente, como quedó demostrado en Libia en 2011. Es más, esta capacidad militar está ligada a una visión mundial y no simplemente a la defensa de intereses económicos.

En Mali, Francia no intenta reclamar recursos, exportar democracia o extender una Françafrique en la que ya no cree. En términos más prosaicos, Francia busca estabilizar un país castigado por fuerzas violentas que no siempre están lideradas por malienses, y que probablemente afecten a toda la subregión a la vez que amenazan a Europa.

Segundo, la intervención una vez más resalta la insignificancia estratégica de la Unión Europea, que promueve una "estrategia integral" para Mali y toda la región para evitar el interrogante crucial: ¿bajo qué condiciones Europa usará la fuerza?