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People walk along Wall Street in the financial district in New York City Spencer Platt/Getty Images

¿Qué ha estado deteniendo a la izquierda?

CAMBRIDGE – ¿Por qué los sistemas políticos democráticos no respondieron con la suficientemente antelación a los agravios que los populistas autocráticos han explotado con éxito?  ¿Por qué no respondieron ante la desigualdad y ansiedad económica, la disminución del estatus social percibido y, ante el abismo entre las élites y los ciudadanos comunes? En caso de que los partidos políticos, en especial los del centro izquierda, hubieran ido tras la consecución de una agenda más audaz, tal vez se habría evitado el surgimiento de movimientos políticos nativistas de derecha.

En principio, una mayor desigualdad produce una demanda de una mayor redistribución. Los políticos demócratas deberían responder imponiendo impuestos más altos a los ricos y gastando lo recaudado en los menos favorecidos. Esta intuición se formaliza en un documento bien conocido en economía política, mismo que fue escrito por Allan Meltzer y Scott Richard: cuanto más amplia sea la brecha de ingresos entre el votante en la mediana y el votante promedio, mayores serán los impuestos y mayor será la redistribución.

Sin embargo, en la práctica, las democracias se han desplazado en la dirección opuesta. La progresividad de los impuestos a la renta ha disminuido, la confianza en los impuestos al consumo regresivos ha aumentado, y la imposición de impuestos al capital ha seguido a una carrera global hacia la baja. En lugar de impulsar la inversión en infraestructura, los gobiernos han aplicado políticas de austeridad que son particularmente dañinas para los trabajadores poco calificados. Se rescató a grandes bancos y corporaciones, pero no se rescató a los hogares. En Estados Unidos, el salario mínimo no se ha ajustado lo suficiente, lo que le permite su erosión en términos reales.

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