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¿Puede escapar el Líbano a la maldición de los recursos?

BEIRUT – Tras dos años y medio sin presidente, el Parlamento del Líbano ha elegido a Michel Aoun para el cargo. Ahora el país puede dirigir su atención hacia la producción de petróleo y el gas, y las autoridades tienen muchas expectativas (bordeando la irracionalidad) de que una bonanza energética ponga en marcha la economía nacional, víctima de la mala gobernanza política y económica y los efectos de la guerra civil en Siria.

Es cierto que la potencial riqueza que los hidrocarburos transformaría el país, al tiempo que daría un modelo a imitar para otros productores energéticos de Oriente Próximo, pero las autoridades deben tener en mente cuatro riesgos importantes. Para comenzar, los precios del petróleo y el gas son volátiles, y en general el futuro de los combustibles fósiles es incierto. Los precios del petróleo y el gas han bajado en cerca de un 60% desde junio de 2014, y es poco probable que se recuperen en el mediano plazo. Estamos en los tiempos de la “nueva normalidad” del petróleo, definida por la abundancia de fuentes de energía alternativas.

En segundo lugar, no está claro el tamaño de las reservas de energía recuperables del Líbano. Igualmente importante es el hecho de que, incluso en los escenarios más optimistas, también es incierta la capacidad nacional de gestionar la extracción, producción y distribución del petróleo y el gas.

Tercero, las actuales disputas territoriales en la región (y la falta de acuerdos sobre los límites marítimos entre Chipre, Israel y Siria) son causa de incertidumbre legal sobre quién posee y puede explotar determinados bloques de petróleo y gas.