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Aprender a abandonar el extremismo

BEIRUT – En un informe tras otro del Banco Mundial, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y de la Liga Árabe, se subraya que el déficit educativo del mundo árabe es una de las causas principales de su subdesarrollo. Pese a contar con el cinco por ciento de la población mundial y la mayor parte del petróleo y del gas del mundo, el mundo árabe se mantiene muy rezagado del resto del mundo y padece una –es la mejor denominación que podemos darle– “pobreza educativa”. Sin una mejora espectacular de todos los niveles educativos, el desempleo, el analfabetismo y la desigualdad de renta seguirán empeorando y la región seguirá siendo un peligro para sí misma y para sus vecinos.

Aun antes de la actual recesión económica, el desempleo en el mundo árabe ascendía, aproximadamente, al 14 por ciento, la media mayor del mundo, exceptuada el África subsahariana. Entre los jóvenes y los universitarios recién licenciados la cifra asciende a más del doble.

Además, el mundo árabe tiene la mayor tasa de crecimiento demográfico del mundo, por lo que casi el 40 por ciento de su población tiene menos de 15 años de edad. Según los mismos cálculos, el mundo árabe cuenta con la cuarta parte del desempleo mundial entre el grupo de edad comprendido entre los 15 y los 24 años. Tan sólo para mantener el ritmo de entrada de jóvenes en el mercado laboral, las economías árabes tendrán que crear 100 millones de nuevos puestos de trabajo a lo largo de los diez próximos años, lo que resultará imposible, si la educación sigue empobrecida.

Las tasas de escolarización en el mundo árabe mejoraron en el decenio pasado, pero los países árabes siguen teniendo por término medio una de las tasas netas de matriculación mas bajas del mundo en desarrollo. Una quinta parte, aproximadamente, de los niños en edad escolar, más de siete millones, no están escolarizados y el 60 por ciento de ellos son niñas. La media de años de escolarización de los árabes es menos de la mitad de la de los países asiáticos. No es de extrañar que, pese a los avances logrados en los últimos decenios, el analfabetismo siga ascendiendo a un 30 por ciento, aproximadamente, por término medio, y en algunos países árabes alcance el 50 y el 60 por ciento.