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Aprender a dirigir

CAMBRIDGE – Las encuestas de opinión muestran que en muchas democracias los ciudadanos están descontentos con sus dirigentes. Resulta particularmente cierto en Gran Bretaña, donde varios diputados han utilizado sus subsidios de vivienda para aumentar sus ingresos, unas veces legalmente y otras no. Algunos analistas predicen que sólo la mitad de los diputados volverán a ser reelegidos en las elecciones del año próximo.

Pero, sean cuales fueren los fallos de determinados legisladores británicos, lo que está en juego es algo más que simplemente permitir  a los votantes “echar a los bribones”. Se plantea también la cuestión de cómo se enseña y se aprende a dirigir con éxito en una democracia. Una democracia lograda requiere que la capacidad para dirigir esté generalizada en todo el Estado y la sociedad civil. Los ciudadanos que expresan su preocupación por la capacidad de los dirigentes deben aprender no sólo a juzgarla, sino también a practicarla, a su vez.

Muchos observadores dicen que la capacidad para dirigir es un arte en lugar de una ciencia. La capacidad idónea para dirigir depende de las situaciones. En mi libro The Powers to Lead (“Las capacidades paras dirigir”) , llamo a esa capacidad “inteligencia situacional”. La capacidad para movilizar a un grupo eficazmente es sin lugar a dudas un arte más que una ciencia predictiva y varía según las situaciones, pero eso no significa que no pueda ser provechoso estudiarla y aprenderla.

La música y la pintura están basadas en parte en aptitudes innatas, pero también en la formación y la práctica y los artistas no sólo pueden beneficiarse de los cursos prácticos, sino también de lecciones de apreciación del arte que les presenten todos los repertorios y paletas de maestros del pasado.