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Aprendiendo las lecciones de Irak

NUEVA YORK – El colapso de la economía ha reemplazado a la guerra de Irak como la cuestión más importante en la campaña electoral presidencial de Estados Unidos, en parte porque los norteamericanos llegaron a creer que la suerte ha cambiado en Irak: la "oleada" de tropas supuestamente atemorizó a los insurgentes, lo que redundó en una disminución de la violencia. Las implicancias son claras: una muestra de poder significa un triunfo.

Es precisamente este tipo de razonamiento machista lo que llevó a Estados Unidos a la guerra en Irak por empezar. La guerra estaba pensada como una demostración de poder estratégico de poderío militar. Por el contrario, la guerra dejó al descubierto sus limitaciones. Es más, socavó la verdadera fuente de poder de Estados Unidos -su autoridad moral.

Los acontecimientos recientes acentuaron los riesgos de la estrategia de la administración Bush. Siempre resultó claro que el momento de la partida de Estados Unidos de Irak podría no ser su elección -a menos que quisiera violar el derecho internacional una vez más-. Ahora, Irak exige que las tropas de combate norteamericanas se marchen en los próximos doce meses, y que todas las tropas ya se hayan ido en 2011.

Sin duda, la reducción de la violencia es bienvenida, y la oleada de tropas puede haber incidido de alguna manera. Sin embargo, el nivel de violencia, si tuviera lugar en cualquier otra parte del mundo, ocuparía los titulares; sólo que en Irak nos curtimos tanto frente a la violencia que es un buen día si sólo fueron asesinados 25 civiles.