Michael Bloomberg acknowledges the crowd Damon Winter-Pool/Getty Images

Cómo restaurar la confianza en el liderazgo

DAVOS – Como suele ser el caso, las conversaciones informales en la recién terminada reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, inevitablemente aludían al Barómetro de Confianza de Edelman, una encuesta anual de confianza pública en los negocios, los medios de comunicación, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales. Al fin y al cabo, los participantes de Davos son líderes en estos campos, y los resultados de la encuesta más reciente son aleccionadores.

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En el año 2017, el 71% de los encuestados en todo el mundo considera que los funcionarios gubernamentales no son creíbles o sólo son algo creíbles, y el 63% de los encuestados tiene la misma visión sombría de los directores ejecutivos de las corporaciones. Esto no debería causar sorpresa. En docenas de países, las personas han expresado sus quejas contra el statu quo a través de las redes sociales, las protestas, las opciones que toman como consumidores y en las urnas.

Las sociedades y las economías pagan un alto precio cuando los ciudadanos no tienen fe en los líderes del sector público, así como en aquellos del sector privado. La desconfianza conduce a la polarización política, la ansiedad generalizada sobre el futuro y la incertidumbre con respecto a los asuntos internos y las relaciones internacionales. Y, estos síntomas, a su vez, refuerzan la pérdida de confianza, creando un círculo vicioso.

Claramente, los ciudadanos deberían poder esperar más de sus líderes. Con ese fin, en nuestra calidad de decanos de Harvard Kennedy School y Harvard Business School, respectivamente, nos esforzamos por impartir valores de liderazgo eficaz a nuestros estudiantes. Les enseñamos que el liderazgo no es oportunismo o ganar a cualquier costo. El liderazgo significa avanzar en el bien común y marcar una diferencia en el mundo.

A los líderes empresariales más eficaces les importan mucho más que sólo las ganancias trimestrales o superar a la competencia, así como también hay asuntos más importantes para los líderes gubernamentales que tan sólo ganar las próximas elecciones o salir en los titulares en los medios de comunicación. En cualquier ámbito, un líder eficaz cuida de todos aquellos a quienes sirve, y se adscribe a un conjunto de valores fundamentales.

Si las personas en sitiales de poder aspiran a esta visión de liderazgo basado en principios –  en el trabajo y en sus propias vidas – la confianza en las empresas, los gobiernos y las instituciones cívicas puede restaurarse en todo el mundo. Pero, asimismo, ellos necesitarán considerar las causas del problema.

En primer lugar, las personas simplemente no confían en que sus líderes hablen de manera honesta en toda oportunidad. Para cambiar eso, el líder eficaz debe demostrar que, él o ella, valora la verdad y la evidencia por encima de todo lo demás. Al valorar la verdad, uno se obliga a tomar decisiones basadas en razones sólidas en lugar de basarlas en el interés propio. Cuando se sientan tentados por sus propios intereses, quienes aspiran a ser líderes deben emular a figuras conocidas por su honestidad y revelación de la verdad, como por ejemplo a Warren Buffett o Winston Churchill.

Más allá de la honestidad, un liderazgo eficaz también requiere respeto por las personas, independientemente de su origen demográfico o experiencias pasadas. Las personas, comprensiblemente, se desilusionan cuando su gobierno, o la comunidad empresarial, no parecen valorarlos, especialmente cuando tales formas de trato emergen a consecuencia de su género, raza, religión, identidad sexual u origen nacional. Para evitar que eso suceda, los líderes del sector público y privado deberían centrarse en la construcción de organizaciones diversas e inclusivas, como lo ha hecho Tim Cook desde que se convirtió en el director ejecutivo de Apple.

Además, respetar a las personas significa escuchar sus puntos de vista y no hablar como si ellos no existieran, incluso cuando uno no está de acuerdo con lo que dicen. Por lo tanto, un líder eficaz es aquel que promueve la libertad de expresión, se involucra en intercambios de ideas civilizados y permanece abierto a llegar acuerdos en los que se cedan posiciones. Incluso cuando una decisión no va en la dirección en la que alguna persona quiere, dicha persona querrá – y merecerá – ser escuchada.

El desafío para los líderes, por lo tanto, es encontrar formas de trabajar con personas que tienen diferentes opiniones sin abandonar sus propios principios fundamentales. Un modelo de este estilo de liderazgo es Robert Zimmer, el presidente de la Universidad de Chicago, que aboga por el discurso libre y abierto, incluso cuando las ideas expuestas son impopulares o desagradables. Tal como Zimmer escribió en University of Chicago Magazine en el año 2016, “las universidades no pueden ser vistas como un santuario para la comodidad, sino como un crisol para confrontar ideas”.

Por último, un liderazgo efectivo significa brindar un servicio excelente y receptivo a los propios clientes o votantes, como lo hizo Michael Bloomberg en su calidad de alcalde de Nueva York. Cuando las personas no sienten que sus líderes están trabajando en su interés o atendiendo necesidades genuinas, pierden confianza. Para restaurarla, los funcionarios gubernamentales deben construir y abogar a favor de instituciones cívicas sólidas y procesos políticos que sirvan al interés público; además, las empresas deben cerciorarse de trabajar eficazmente a favor de todos sus grupos de interés.

Por consiguiente, los líderes del sector público y privado deberían buscar formas de ayudar a aquellos que se sienten frustrados y abandonados ya sea económica o socialmente. Un buen modelo es Year Up, una organización sin fines de lucro que está creciendo de manera rápida y que fue fundada en el año 2000 por el graduado de Harvard Business School Gerald Chertavian. ‘Year Up’ ayuda a los jóvenes desfavorecidos que viven en las ciudades para que ellos adquieran las habilidades que necesitarán durante su educación superior y carreras profesionales. Otro buen modelo es Girls Who Code, que Reshma Saujani, graduada de Harvard Kennedy School, fundó en el año 2012 con el objetivo de abordar la brecha de género en el sector tecnológico.

El éxito de estos programas muestra que, cuando los líderes se enfocan en crear oportunidades para las personas que no han sido tratadas de manera justa, es posible construir sociedades más cohesivas y se puede equipar a más personas para contribuir de manera productiva a la economía. De cara al futuro, los gobiernos, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil deben situar al liderazgo impulsado por los valores en el corazón de sus misiones.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

http://prosyn.org/vSdsiVK/es;

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