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Ley y orden, al estilo ruso

En todo el mundo hay preocupación por que la libertad política esté desapareciendo en la Rusia de Vladimir Putin. De hecho, casi los únicos que no están preocupados por el incipiente autoritarismo en Rusia son los mismos rusos.

A los rusos parece importarles menos la libertad política que el bienestar social: las pensiones, la violencia doméstica, los derechos de los niños o la brutalidad policial. De hecho, la mayoría de los rusos se muestran indiferentes ante las movidas del gobierno por restringir la libertad de prensa y limitar el derecho a protestar. Esta apatía hace difícil, si no imposible, mi trabajo como "ombudsman" o defensor del pueblo ruso, un cargo que tiene la misión, conferida por la Duma (parlamento) estatal, de proteger los derechos políticos en Rusia.

El defensor del pueblo actúa como un puente entre las autoridades y el pueblo, tratando de resolver los conflictos que surgen entre las entidades estatales y los ciudadanos. Mi oficina está abierta no sólo a los ciudadanos rusos, sino a los extranjeros y a los apátridas que sienten afectados sus derechos políticos. Los estándares que aplicamos no son sólo los que se encuentran en la constitución rusa, sino también principios legales internacionales y normas de derechos humanos, incluso si a veces entran en contradicción con nuestra constitución.

Por ejemplo, como defensor del pueblo me opuse a la limitación del derecho de los rusos a ser juzgados por un jurado. Quienes querían restringir el uso de jurados supuestamente temían que, en ciertos casos, se pusiera en riesgo la seguridad del estado. Mi oficina trabajó estrechamente con el estado para asegurar que se utilicen jurados en la mayoría de los casos.