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Los años de la langosta en América Latina

Hoy en día, siguen llegando las malas noticias desde América Latina. Las condiciones económicas empeoran en casi todas partes, la cohesión social se debilita y crece la inestabilidad política. No es de sorprender, ya que gran parte de América Latina se pasó los últimos veinte años sin ir a ningún lado. Se vendieron los activos y las deudas nacionales se inflaron sin que se ganara casi nada duradero o benéfico. En verdad, estos fueron años que la plaga de langostas devoró.

Durante los últimos 20 años, el crecimiento anual del PNB per cápita en América Latina fue en promedio del 0.35%. A ese ritmo, una economía necesitaría 200 años para duplicar su tamaño. En Asia, el nivel de vida se duplica cada década. Con un crecimiento tan anémico, ¿cómo se puede esperar que América Latina compita en el comercio mundial, a menos que lo haga mediante salarios cada vez menores?

Los malos gobiernos, y no la mala suerte, tienen la culpa del estancamiento económico. Si América Latina no cambia, podría verse cada vez más como Africa (una región con Estados débiles, grandes economías informales y pobreza generalizada). Cuatro factores la han puesto en esta senda.

Primero, en la fiebre del oro de la privatización de América Latina, todo, desde los servicios públicos hasta las compañías manufactureras, salió a remate. Durante un tiempo, las ventas de activos ayudaron a equilibrar los presupuestos nacionales, y también generaron recursos para sostener el consumo. Al final, el ingreso proveniente de las privatizaciones no sirvió gran cosa para obtener mejor infraestructura o exportaciones más competitivas.