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Lady Macbeth de Pyongyang

TOKIO – Todo parece indicar que el régimen comunista de Corea del Norte va a hacer su segunda transmisión dinástica del poder, esta vez de Kim Jong-il, que ha gobernado desde 1994, a su hijo menor, Kim Jong-eun. La asamblea general del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, que se está celebrando por primera vez en 44 años, es la señal más clara hasta ahora de que el “Amado Dirigente” Kim, que está gravemente enfermo, va a pasar la corona en el cenobítico reino fundado por su padre, Kim Il-sung.

Una razón por la que se está produciendo una sucesión dinástica es la de que Kim Il-sung creó una ideología nacional, Juche, que mezcla el comunismo y la autarquía con una gran dosis de valores confucianos. El confucianismo exalta un vínculo idealizado entre padre e hijo como modelo de todas las relaciones humanas, incluida la del gobernante con los gobernados. Por eso, así como el deber absoluto de un confuciano es venerar a su padre, así también el deber absoluto de un súbdito confuciano es el de venerar al gobernante.

Además, Kim Jong-il, como su padre, ha nombrado constantemente a miembros de su familia para cargos de poder. De hecho, Kim Jong-eun, el tercer hijo de Kim Jong-il y su difunta consorte Ko Young-hee, fue propuesto como sucesor de su padre hace casi un año.

Los propagandistas norcoreanos proclaman “Joven General” a Kim Jong-eun, pero no está claro que vaya a ejercer la misma autoridad absolutista que su padre. No sólo es joven e inexperto, sino que, además, su tía, Kim Kyong-hui, hermana de Kim Jong-il y esposa de la segunda figura de la jerarquía de Corea del Norte, Chang Song-taek, puede mostrarse reacia a que el poder se le escape de las manos.