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Las damas primero, las mujeres últimas

NUEVA YORK – Mucha gente todavía cree que los atentados del 11 de septiembre de 2001 no fueron simples actos de terrorismo político, sino parte de una guerra cultural, un choque de civilizaciones. Las dos cosas que más agitan a la gente en los conflictos culturales son la religión y el sexo, especialmente la manera en que los hombres tratan a las mujeres. Obviamente, están íntimamente relacionadas: muchas veces se utiliza la religión como un modo de regular el comportamiento sexual y las relaciones entre los sexos. 

La interpretación cultural del 11/9 como un choque de civilizaciones explica por qué una cantidad de ex izquierdistas se sumaron a los conservadores en su hostilidad hacia el Islam. En el pasado, la mayoría de los izquierdistas norteamericanos habrían considerado la guerra en Afganistán como una incursión neo-imperialista. Pero, desde el 11/9, el tono cambió. Los talibán subyugaban a las mujeres, les impedían acceder a la educación y las envolvían en burqas. De modo que una guerra contra los talibán y su invitado, Osama bin Laden, podría construirse como una guerra por la liberación femenina.

En rigor de verdad, es poco probable que el feminismo desempeñara algún papel en la decisión del presidente George W. Bush de llevar a Estados Unidos a la guerra. Pero las cuestiones culturales le permitieron reclutar bastantes aliados improbables.

La respuesta al 11/9 y al reciente cruce de Dominique Strauss-Kahn con una mucama africana en un hotel de Nueva York tienen muy poco en común, excepto por algo: una vez más se invocó el conflicto cultural de una manera engañosa.