0

Las prioridades equivocadas de Kyoto

Cuando el tratado de Kyoto entre en vigor el 16 de febrero, la comunidad del calentamiento global sin lugar a dudas se felicitará a sí misma: para hacer el bien lograron el tratado más caro del mundo en la historia. Consiguieron hacer del calentamiento global una prueba moral central de nuestra época. Hicieron mal.

El calentamiento global existe y es causado por emisiones de dióxido de carbono (CO2). Pero los modelos climáticos existentes muestran que podemos hacer poco al respecto. Aun si todos (incluido Estados Unidos) aplicaran las reglas de Kyoto y se apegaran a ellas por el resto del siglo, el cambio sería casi imperceptible, y pospondría el calentamiento por sólo seis años en 2100 mientras que el costo sería, al menos, de 150 mil millones de dólares por año.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

El calentamiento global dañará principalmente a los países en desarrollo, porque son más pobres y por tanto menos capaces de afrontar los cambios climáticos. Sin embargo, para el año 2100, aún con las predicciones más pesimistas de Naciones Unidas, se espera que la persona promedio de los países en desarrollo sea más rica que ahora, y por lo tanto esté mejor preparada. Por consiguiente, Kyoto es básicamente un camino costoso para hacer poco por gente mucho más rica en el futuro lejano. Necesitamos preguntarnos si esta debe ser nuestra prioridad.

Por supuesto, en el mejor de los mundos, no necesitaríamos escoger nuestras prioridades. Podríamos hacer todas las cosas buenas. Podríamos ganar la guerra contra el hambre, terminar conflictos, erradicar enfermedades contagiosas, proveer agua potable, mejorar la educación e interrumpir el cambio climático. Pero no podemos hacer todo. Entonces debemos plantearnos la difícil pregunta: ¿Qué debemos hacer primero?

Algunos de los mejores economistas del mundo -incluyendo tres Premios Nóbel- respondieron a esta pregunta en el marco del Consenso de Copenhague en mayo pasado. Ellos determinaron que lidiar con el VIH/SIDA, el hambre, el libre comercio y la malaria eran las prioridades del mundo, donde podíamos hacer más con nuestro dinero. Además, colocaron las respuestas urgentes al cambio climático al final de la lista. De hecho, el panel llamó a estas empresas -incluyendo Kyoto- "malos proyectos", porque cuestan más que el bien que pueden hacer.

A medida que los aspectos económicos del cambio climático se han hecho cada vez más evidentes, las advertencias provenientes de la comunidad del calentamiento global se han vuelto más escandalosas. Por ejemplo, el Director del panel de la ONU sobre cambio climático dice, "Estamos arriesgando la capacidad de la raza humana para sobrevivir".

Tales declaraciones se llevan los encabezados pero son tonterías. Por ejemplo:

  • En una reunión reciente en Exeter, Inglaterra, algunos participantes advirtieron que hay un riesgo del 50% de que los vientos de la Corriente del Golfo se colapsen a más tardar en un siglo. Ese escenario luce muy bien en la película "El día después de mañana", pero no tiene fundamentos. Como lo resumió uno de los presentadores de la conferencia: "Ningún modelo ha demostrado una interrupción total o un enfriamiento neto sobre zonas terrestres. Por lo tanto, se considera improbable una interrupción durante el siglo XXI".
  • Recientemente, una coalición de organizaciones ambientalistas y de desarrollo prominentes afirmaron que la malaria aumentaría en un mundo más templado. Eso tiene cierta validez teórica, pero no toma en cuenta que la malaria depende de infraestructura y atención de la salud deficientes. En efecto, a lo largo del frío período de 1500 a 1800, la malaria fue una de las principales enfermedades en Europa, los Estados Unidos y hasta el Círculo Artico. La malaria no terminó porque el clima se hubiera enfriado (de hecho se hizo más templado) sino porque Europa y los Estados Unidos se enriquecieron y se encargaron del problema. Cuando los países en desarrollo se vayan enriqueciendo a lo largo del siglo, también es probable que la malaria disminuya y no que aumente.
  • Se nos dice que el nivel del mar se elevará –aproximadamente 50 centímetros para 2100 según algunas previsiones. Eso es correcto y es claro que provocará problemas en países de altitud baja como Bangladesh. Pero los alarmistas no mencionan que el nivel del mar se elevó de 10 a 25 centímetros durante el siglo XX. ¿Alguien se dio cuenta? La elevación será peor en el siglo XXI y no hay que restarle importancia, pero el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático estima que el costo total de adaptación será de alrededor del 0.1% del PIB.

El argumento del "fin de la civilización" es contraproducente para el debate público serio. Nos hace creer que sólo tenemos una opción. Sin embargo, la verdad es que podemos elegir que el cambio climático sea nuestra prioridad o podemos elegir hacer muchas cosas positivas antes.

Decir eso no es sugerir que no se haga nada. Al contrario. Miles de personas murieron en Haití durante los recientes huracanes, pero no en Florida, porque los haitianos son pobres y no pueden tomar medidas preventivas. Romper el círculo de la pobreza mediante la atención a las cuestiones más urgentes como las enfermedades, el hambre y el agua contaminada no sólo será muy benéfico, sino que también hará que la gente sea menos vulnerable a los efectos del cambio climático.

Support Project Syndicate’s mission

Project Syndicate needs your help to provide readers everywhere equal access to the ideas and debates shaping their lives.

Learn more

Vivimos en un mundo con recursos limitados, por lo que preocuparse más por algunos asuntos significa preocuparse menos por otros. Si tenemos una obligación moral es la de gastar cada dólar de forma que genere el mayor beneficio posible. Con Kyoto, el mundo gastará 150 mil millones de dólares al año para lograr unos cuantos beneficios dentro de un siglo. En comparación, la ONU calcula que con la mitad de esa cantidad se podría dar agua potable, saneamiento, atención básica de la salud y educación a cada persona en el mundo. ¿Qué es mejor?

El calentamiento global es la prueba moral de nuestros tiempos, pero no de la manera que imaginan los que así la plantearon. Tenemos que dejar nuestra obsesión con el calentamiento global y empezar a atender primero problemas más urgentes y tratables.