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La revolución parlamentaria de Kuwait

El mundo se ha quedado estupefacto ante la victoria de Hamas en las elecciones palestinas, pero una afirmación diferente del poder democrático y parlamentario, esta vez en el emirato de Kuwait en el Golfo, que cuenta con el diez por ciento de las reservas mundiales de petróleo, puede resultar igualmente importante. Todo indica que la ola de democratización en Kuwait es irreversible y las repercusiones de esos cambios llegan, más allá de Kuwait, a todos los demás países del Golfo ricos en petróleo, que también están gobernados por emires y jeques.

De hecho, esos gobernantes tienen ahora mucho sobre lo que reflexionar. A la muerte, el 15 de enero de 2006, del gobernante de Kuwait, el jeque Jaber al-Sabah, siguió una inquietud nacional sin precedentes, que propició la rápida abdicación de su sucesor designado, Saad Al Sabah. Nunca había sucedido nada semejante a la familia Al Sabah, que lleva dos siglos gobernando Kuwait.

Tradicionalmente, el papel de emir gobernante alternaba (conforme a un acuerdo tácito) entre dos ramas rivales de la familia Al Sabah: los Al Jaber y los Al Salem. La sucesión había sido siempre un asunto estrictamente familiar y cualesquiera disputas existentes permanecían ocultas. Sin embargo, a la muerte del jeque Jaber al-Sabah, la sucesión no sólo ha sido objeto de un febril debate público, sino que, además, la prensa kuwaití y el Parlamento han desempeñado un papel decisivo en la determinación del resultado.

El sistema político de Kuwait está considerado el más moderno de los emiratos y las monarquías del Golfo Árabe, porque todos los ciudadanos –hombres y mujeres—eligen su parlamento. Las elecciones con sufragio universal, combinadas con una prensa relativamente libre, propiciaron que la sucesión pasara a ser una cuestión pública, debatida en los medios de comunicación y por académicos durante meses, mientras el jeque Jaber agonizaba.