Coin commemorating US-North Korea summit STR/AFP/Getty Images

¿Qué fue lo que hizo naufragar la cumbre Kim-Trump?

CANBERRA – Cuando el presidente norteamericano, Donald Trump, canceló abruptamente su cumbre con el líder norcoreano Kim Jong-un, le echó la culpa a la "tremenda ira y abierta hostilidad" de Corea del Norte. En verdad, la cumbre, programada para el 12 de junio en Singapur, estaba destinada al fracaso por tres razones.

En primer lugar, las dos partes reprodujeron la misma percepción equivocada sobre la principal motivación para la cumbre. Ambas pensaban que la otra parte había aceptado reunirse por debilidad y que había hecho concesiones importantes. Kim creía que su fuerza nuclear había obligado a Trump a asistir a la cumbre sin condicionamientos previos, lo que lo colocaba a la misma altura de Trump como jefe de Estado. Kim podía permitirse explorar posibles caminos para un régimen de paz, pensaba, porque la espada nuclear de Corea del Norte le ofrecía inmunidad de los ataques estadounidenses.

Pero los norteamericanos concluyeron que las sanciones internacionales habían puesto de rodillas a Corea del Norte, haciendo que Kim estuviera desesperado por cerrar un acuerdo según los términos estadounidenses. Parte de la estrategia de Estados Unidos fue ejercer una presión adicional sobre China para que controlara a su estado clientelar o se enfrentara ella misma a duras sanciones financieras de Washington.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, que merece gran parte del crédito por los recientes acontecimientos en la Península de Corea, alimentó inconscientemente esta percepción errónea al atribuir su cumbre con Kim a la política de Trump de "máxima presión" sobre Corea del Norte. Este fue un halago calculado por parte de Moon. Al validar la idea interesada de Trump de que las sanciones duras doblegan a los países a la voluntad de Estados Unidos, Moon ganó protección política de los halcones de la política exterior estadounidense, descontentos con las aberturas diplomáticas hacia Kim.

Desafortunadamente, el respaldo de este discurso envalentonó a los representantes de línea dura de Estados Unidos que hoy rodean a Trump para convencerlo de salir del acuerdo nuclear iraní. Para Kim, que espera gobernar por décadas, el restablecimiento de sanciones estadounidenses contra Irán señaló que un acuerdo cerrado con una administración puede ser cancelado sin penalidad por la próxima. Para China (y Rusia), marcó el sinsentido de obedecer a las demandas norteamericanas contra un aliado y la inutilidad de involucrarse en duras negociaciones multipartidarias durante varios años. Para el resto del mundo, resaltó el creciente aislamiento internacional de Estados Unidos.

La segunda razón para la cancelación de la cumbre fueron los puntos de vista contradictorios sobre la "desnuclearización" -la única cuestión crítica en todo el episodio-. Estados Unidos, que cree que Kim había cedido bajo presión, entendió que esto significaba un logro de su objetivo de larga data de "CVID": una desnuclearización completa, verificable e irreversible de Corea del Norte. Corea del Norte, que concluyó erróneamente que su poder de disuasión nuclear había llevado a Trump a la cumbre, creyó estar a punto de alcanzar el objetivo que venía buscando desde hacía mucho tiempo: una Península de Corea sin armas nucleares y, también, el fin del paraguas nuclear de Estados Unidos para Japón y Corea del Sur. Si jugaba bien sus cartas, podría inclusive terminar con la alianza de Estados Unidos con Corea del Sur y Japón, y lograr el retiro de todas las tropas estadounidenses del este de Asia.

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Como Estados Unidos leyó mal la principal motivación y expectativas de Kim, se metió en un tercer problema -en verdad, una trampa que él mismo fabricó, y de la cual no había salida.

Los norcoreanos dejaron bien en claro que entendían lo que les puede suceder a los regímenes que entablan peleas con Estados Unidos sin tener el arma definitiva. Eran muy conscientes de lo que les sucedió a Slobodan Milošević, Saddam Hussein y Muammar el-Qaddafi. Y el ejemplo de Qaddafi resultó ser especialmente importante.

Después de abandonar su búsqueda de armas nucleares a cambio de una normalización de las relaciones con Estados Unidos y el mundo, Qaddafi sufrió una muerte horrible (durante la cual fue torturado y sodomizado con una bayoneta).  Y entonces, el 30 de abril, el asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, hizo una sugerencia incendiaria de que Corea del Norte podía seguir el "modelo de Libia" de desnuclearización.

El viceministro de Relaciones Exteriores Kim Kye-gwan pronunció la respuesta furibunda de Corea del Norte: "No ocultamos nuestra sensación de repugnancia hacia él". Corea del Norte no estaba interesada en un diálogo destinado a un "abandono nuclear unilateral" forzado. El "mundo sabe muy bien que nuestro país no es ni Libia ni Irak, que han enfrentado destinos miserables".

Aunque Trump tomó distancia de los comentarios de Bolton, el vicepresidente Mike Pence advirtió tres semanas más tarde que si Corea del Norte no cerraba un acuerdo, se enfrentaría con certeza al destino de Libia. Choe Son Hui, viceministro de Asuntos Exteriores, respondió amenazando con un "enfrentamiento nuclear" si Washington seguía insistiendo en una beligerancia "ilegal e intolerable".

¿Qué es lo que va a pasar ahora? Si Corea del Norte reanuda sus pruebas nucleares y de misiles de largo alcance, Trump, cuyo instinto es escalar la retórica de conflicto, se verá obligado a responder de manera contundente. Si se da una repetición de las estridentes provocaciones de patio de recreo -"pequeño hombre cohete" y "viejo mentalmente trastornado"-, Moon se desesperará por rescatar algo que se asemeje a una mejora de las relaciones con Corea del Norte. Kim podría intentar abrir una profunda brecha entre Corea del Sur y Estados Unidos. El primer ministro de línea dura de Japón, Shinzo Abe, probablemente se sienta aliviado de que la cumbre se haya cancelado.

Lo mejor que puede esperar el resto del mundo, por más escasas que sean las perspectivas, es que se lleve a cabo un proceso diplomático, junto con canales de comunicación claros y precisos. Un objetivo modesto sería alcanzar un acuerdo para mantener el programa nuclear y de misiles de Corea del Norte en los niveles actuales de capacidad.

Pero Estados Unidos quizá se haya acorralado a sí mismo al rechazar esa condición con respecto a Irán. Al hacer de lo perfecto el enemigo de lo bueno en Oriente Medio, la administración Trump encontrará humillante aceptar un acuerdo comparable para la Península de Corea. Para Trump, el arte de romper acuerdos es más importante.

http://prosyn.org/49y8x0E/es;

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