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Acabar con la pena de muerte

Finalmente está ocurriendo. Tras 13 años de negociaciones, demoras y dudas, la Asamblea General de las Naciones Unidas votará este mes la propuesta de una moratoria de la pena de muerte en todo el mundo. Una gran mayoría de la ONU adoptó la propuesta el 15 de noviembre, a pesar de los intentos por parte de algunos estados miembros de obstruirla, modificarla o eliminarla. Afortunadamente, al final los oponentes se vieron obligados a combatir una voluntad más fuerte que la suya: la voluntad de quienes, tras la abolición de la esclavitud y la tortura, desean otro punto de inflexión para la civilización.

Sin embargo, ¿será esta votación de diciembre una mera formalidad? La experiencia nos enseña a ser prudentes. Todavía no he abierto mi botella de champaña.

Para ser honesta, no estoy segura de que todos los gobiernos del mundo hayan aceptado lo inevitable, o que hasta el más inflexible termine por aceptar la moratoria. Pero sigo teniendo fe en que la Asamblea General sabrá, como siempre, encontrar la manera de enfrentar este reto.

Todos estamos conscientes de que incluso si la votación tiene éxito, la resolución de la ONU no será vinculante y que establecer y aplicar una moratoria es solamente un paso intermedio y necesario hacia la abolición total. Creo que la ONU debería presionar para llegar a una suspensión de facto inmediata, sin esperar a que comiencen los debates acerca de las reformas legales en los países respectivos. Espero que este enfoque permita un consenso amplio en la Asamblea General, y que fracase cualquier cambio de opinión de último minuto.