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Keynes y la socialdemocracia de ahora

LONDRES – Durante décadas se relacionó al keynesianismo con las políticas socialdemócratas de gobierno intervencionista. Sin embargo, la relación de John Maynard Keynes con la socialdemocracia es compleja. Aunque fue uno de los arquitectos de los componentes claves de la política socialdemócrata –en particular su énfasis en mantener el pleno empleo- no apoyó otros objetivos principales de la socialdemocracia, como la propiedad pública o la expansión masiva del Estado de bienestar.

En las conclusiones de su obra, La teoría general del empleo, el interés y el dinero, Keynes ofrece un resumen de las fortalezas y debilidades del sistema capitalista. Por un lado, el capitalismo ofrece la mejor salvaguarda de la libertad individual, de elección, y de la iniciativa empresarial. Por otro lado, los mercados no regulados no pueden lograr dos objetivos fundamentales de cualquier sociedad civilizada: “Los grandes defectos de la sociedad económica en la que vivimos son que no puede ofrecer pleno empleo y su arbitraria y desigual  distribución de la riqueza y los ingresos.” Ello sugería un papel más activo del gobierno, que encajaba perfectamente con tendencias importantes del pensamiento de izquierda.

Antes de la publicación de La teoría general en 1936, los socialdemócratas no sabían cómo lograr el pleno empleo. Sus políticas se dirigían a privar a los capitalistas de la propiedad de los medios de producción. Nunca se resolvió la cuestión de cómo ayudaría esto a alcanzar el pleno empleo.

Había la idea, originalmente de Ricardo y Marx, de que la clase capitalista necesitaba de un “ejército de reserva de desempleados” para mantener su margen de ganancias. Si se eliminaban las ganancias, la necesidad de ese ejército de reserva desaparecería. Los salarios de la mano de obra corresponderían a su valor y todos los que estuvieran dispuestos a trabajar encontrarían un empleo.