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Por Ellen Johnson-Sirleaf

Monrovia – Durante más de una década, ha habido avances en gran parte de África. El crecimiento económico va en aumento, la pobreza está disminuyendo y la gobernanza democrática se está extendiendo.  No obstante, la crisis financiera global amenaza con anular esos progresos debido a la reducción de las inversiones, las exportaciones y la ayuda justo en el momento en que deberían aumentar para aprovechar esos éxitos.

Si bien la atención internacional se ha concentrado comprensiblemente en los acontecimientos de Darfur, Somalia y Zimbabwe, otros países de todo el continente, incluyendo a Ghana, Tanzania, Mozambique y Liberia, han estado dando un giro a sus economías discretamente. En muchas naciones las tasas de crecimiento superan regularmente el 5%. La clave de estos progresos es un liderazgo africano más fuerte y gobiernos que deben rendir cuentas. Actualmente, más de 20 países africanos son democracias, en comparación con sólo tres en los años ochenta. En ellos hay elecciones competitivas, mejoras de los derechos humanos y medios mucho más libres. Una asistencia al desarrollo cada vez más efectiva ha apoyado estos esfuerzos.

Consideremos lo que ha sucedido en mi país, Liberia. Tras una guerra devastadora que duró 14 años, nos enfrentábamos a enormes desafíos. Nuestro gobierno, electo democráticamente, ha trabajado con sus socios internacionales y un número creciente de inversionistas privados para mejorar la situación.