0

La crisis de legitimidad de Karzai

Leyendo la prensa reciente, uno podría concluir que todo lo que necesita Harmid Karzai, el gobernante de Afganistán, para pacificar su país es una mayor presencia de fuerzas internacionales de paz y un flujo más ágil de asistencia. La zanahoria de la asistencia internacional y el garrote de las fuerzas internacionales de paz supuestamente evitarán que el gobierno de Karzai muera en la cuna.

Siguiendo esa lógica, los EU han acelerado la entrega de asistencia (una tarea que saben bien cómo lograr, ya que han sido los proveedores del noventa por ciento de toda la ayuda monetaria a Afganistán incluso durante la época del Talibán). El anuncio del presidente Bush de que los EU, Japón y Arabia Saudita han creado un fondo de 180 millones de dólares para la reconstrucción de las carreteras en Afganistán constituye la medida más reciente para acelerar el flujo de la asistencia para el desarrollo.

Se está reforzando a las fuerzas internacionales de seguridad, compuestas principalmente por turcos, y su mandato se extenderá a todo el país. El anuncio hecho por Paul Wolfowitz, Subsecretario de Defensa de los EU en ese sentido, representó un cambio en el rumbo de la posición estadounidense anterior, que prefería limitar a las fuerzas de pacificación a Kabul, para que no estorbaran las operaciones en contra de los reductos de Al Qaeda y el Talibán.

El problema con esta estrategia de zanahoria y garrote no es que esté equivocada, sino que es insuficiente. No reconoce que, ni una mayor presencia de fuerzas de pacificación, ni una ayuda entregada con eficiencia lograrán las metas deseadas, hasta que el pueblo afgano acepte que el gobierno de Karzai representa con justicia sus intereses. Hoy en día, ese no es el caso.