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El enigma de la fertilidad

BOSTON – Tal vez resulte inevitable que la anticoncepción y el crecimiento demográfico sean temas polémicos, dadas las muchas perspectivas que pesan sobre ellos. Los activistas de la salud reproductiva se centran en la planificación familiar y los derechos de la mujer a controlar su propio cuerpo. Los economistas analizan el impacto en el crecimiento sostenible. A los gobiernos les preocupa el exceso de población y el desempleo. Los trabajadores de la salud le tienen miedo a las enfermedades de transmisión sexual y a la desnutrición. Lograr el equilibrio adecuado entre estos diferentes puntos de vista no es una tarea sencilla -pero mucho depende de hacer las cosas como se debe.

Las nuevas tecnologías contraceptivas -como los preservativos, las píldoras y los dispositivos implantables- ofrecen formas de protección reversibles y permanentes. Pero su uso varía marcadamente -de apenas el 4,8% de las mujeres jóvenes en Chad al 84,6% en China-, lo que refleja diferencias en costos, disponibilidad y normas culturales.

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As the US president-elect fills his administration, the direction of American policy is coming into focus. Project Syndicate contributors interpret what’s on the horizon.

La anticoncepción sin duda conlleva beneficios socioeconómicos y para la salud. Un estudio de 2012 reveló que su uso evitó unas 272.040 muertes maternas en 2008, 44% menos de las que habían ocurrido sin ella. El uso de anticonceptivos también ayudó a las economías menos desarrolladas, al aumentar el empleo y el potencial de ingresos de las mujeres.

Sin embargo, quizás uno de los efectos económicos más importantes de la anticoncepción tenga que ver con el "ratio de dependencia" -la proporción de trabajadores disponibles en relación a los jubilados, los niños y los enfermos-. Reducir la tasa de natalidad disminuye el ratio de dependencia general -aunque a riesgo de futuras escaseces de mano de obra, un gasto más débil de los consumidores y una menor productividad-. Y, a medida que aumente la cantidad de gente que vive más, y el tamaño relativo de la población en edad laboral decaiga, el ratio de dependencia puede empezar a aumentar, con serias repercusiones socioeconómicas, ya que la gente mayor requiere más atención médica y utiliza las pensiones.

Por otro lado, el rápido crecimiento demográfico como resultado de tasas de natalidad más altas puede amenazar el bienestar de las comunidades  y los países más pobres, al alterar el ratio de dependencia en el otro extremo de la escala. El África subsahariana y las otras regiones más pobres del mundo han registrado un crecimiento demográfico significativo del 2% anual en los últimos años, mientras que la tendencia demográfica en las economías avanzadas de Europa y Asia se ha mantenido estable o ha disminuido.

Las simulaciones indican que la cantidad promedio óptima de niños nacidos de una mujer en el transcurso de su vida es de aproximadamente 2,3. Esto es la tasa de fertilidad total (TFT) necesaria para mantener los niveles poblacionales actuales (la tasa de reemplazo). Desafortunadamente, pocos países logran el equilibrio correcto, ya que hay países cuyos promedios varían de 6,9 (en Nigeria) a 0,8 (en Singapur). El Libro Mundial de Hechos de la CIA revela que 141 países (aproximadamente la mitad de la población mundial) cayeron por debajo de la tasa de reemplazo, mientras que se proyecta que la caída demográfica en algunos casos alcance el 20% en 2050.

Algunos países, como Alemania y Francia, están intentando elevar su TFT al nivel de reemplazo. Otros luchan por reducir su TFT, por miedo a un desempleo masivo y un malestar social en el futuro. En todos los casos, las circunstancias económicas y las presiones sociales dictarán el nivel y la velocidad del crecimiento demográfico.

Ese es el motivo por el cual se le ha dedicado tanta atención al impacto de una población global en aumento en la demanda de alimentos. En algunas partes del mundo, se ha asociado el incremento de la población con el hambre y la desnutrición. Hasta hace poco, se predecía que la población global superaría los 11.000 millones de personas en 2050, lo que desató temores malthusianos. Gracias, en parte, a las menores tasas de fertilidad en los países industrializados, esta proyección se ha ajustado hacia abajo, a unos 8.900 millones de personas.

Sin embargo, esos temores persisten. El riesgo es que los responsables de las políticas y los activistas mezclen los problemas de la escasez de alimentos y del hambre con el del control de la población y sus consecuencias económicas y sociales a largo plazo. De hecho, según un pronóstico de 2002 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés), la producción global de alimentos superará las necesidades de la población global para el año 2030, en gran medida debido a la Revolución Verde del medio siglo pasado.

Podría decirse que las causas de la escasez de alimentos se encuentran en la organización, la distribución y el desecho de los recursos, no en el crecimiento demográfico. La Institución de Ingenieros Mecánicos del Reino Unido estimó en 2013 que se desperdician entre 1.200 y 2.000 millones de toneladas de alimentos anualmente (30-50% de la producción total de alimentos). Esto excede con creces los 230 millones de toneladas de alimentos producidos en el África subsahariana.

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Al mismo tiempo, la FAO estima que 870 millones de personas en todo el mundo -el 90% de las cuales viven en países en desarrollo- sufren desnutrición crónica. Es más, aproximadamente la mitad de los 10,9 millones de niños que mueren cada año se mueren como resultado de una mala alimentación, mientras que más de 1.400 millones de adultos y 40 millones de niños están excedidos de peso o son obesos.

Nada de esto debería desviar la atención de la necesidad de alcanzar un equilibrio entre crecimiento demográfico, ratios de dependencia apropiados para los países en diferentes etapas de desarrollo económico y la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres. Estas son cuestiones a largo plazo que requieren una cooperación internacional y una investigación colaborativa. De hecho, al igual que el cambio climático, el equilibrio demográfico es una cuestión global que se debe abordar con cuidado y de manera rigurosa -y antes de que sea demasiado tarde.