Sean Gallup/Getty Images

Una jugada comercial brillante de Europa

BRUSELAS – En el frente comercial transatlántico se respira cierta tranquilidad desde el mes pasado, cuando el acuerdo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alejó el temor a una guerra de aranceles declarada. Tomó a muchos por sorpresa, pero tal vez fuera previsible.

El núcleo del acuerdo es el compromiso de la Unión Europea y Estados Unidos de “trabajar juntos para la eliminación total de aranceles, barreras no arancelarias y subsidios en bienes industriales no automotrices” y de suspender mientras tanto la imposición de barreras comerciales nuevas. Pero lo más importante no es que esto abra la posibilidad de un acuerdo de libre comercio, sino que pone fin a la escalada de represalias iniciada por la decisión de Trump de arancelar las importaciones de acero europeo a Estados Unidos.

El presidente estadounidense puede imponer aranceles y otras barreras comerciales en forma unilateral invocando la seguridad nacional. Por eso Trump pudo iniciar su guerra comercial personal sin consultar al Congreso de los Estados Unidos. Pero para la firma de un acuerdo comercial a gran escala se necesita aprobación de los legisladores, y dada la infinidad de intereses que afectaría (incluso si sólo abarcara productos industriales), es improbable que eso suceda en un futuro cercano.

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