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La protección del ciberespacio

CAMBRIDGE – El Brasil acogió recientemente NETmundial, la primera conferencia mundial sobre la gestión de la red Internet, a la que asistieron 800 representantes de gobiernos, grandes empresas, organizaciones de la sociedad civil y tecnólogos. La reunión, basada en la colaboración de múltiples partes interesadas, produjo un documento de “resultados” de doce páginas.

Sin embargo, al final de la conferencia seguía sin haber consenso sobre la cibergestión mundial. Muchos gobiernos seguían propugnando los procedimientos tradicionales de votación de las Naciones Unidas para la adopción de decisiones mundiales y defendían su derecho a controlar las ciberactividades dentro de sus países.

En cierto sentido, no es de extrañar. Al fin y al cabo, aunque la red Internet es un recurso mundial complejo, que todo lo abarca y en rápida evolución, lleva poco tiempo con nosotros. Aunque la Malla Multimedios Mundial fue concebida en 1989, tan sólo en los quince últimos años se ha multiplicado el numero de sus sitios y la tecnología de Internet ha comenzado a transformar las cadenas mundiales de suministro. Desde 1992, el número usuarios de Internet se ha disparado desde un millón hasta casi tres mil millones. Así de sencillo, la red Internet pasó a ser un substrato de la vida económico, social y política.

En sus primeros tiempos, se consideraba con frecuencia la red Internet el más igualitario conducto para la circulación de información libre: un precursor del fin de los controles estatales, pero la realidad es que los Estados y las jurisdicciones geográficas siempre han desempeñado un papel fundamental en la regulación de la red Internet... o al menos lo han intentado. Sin embargo, ésta plantea, en última instancia, un importante imperativo a la gobernación, ejemplificado en los intentos en marcha de entender las consecuencias de la movilidad ubicua y la compilación y almacenamiento de “macrodatos”.