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Los delirios estadounidenses de Australia

NUEVA YORK – Para bien o para mal, los debates de política económica en Estados Unidos, independientemente de su relevancia, a menudo hicieron eco en otros lugares. El recientemente electo gobierno del  primer ministro de Australia Tony Abbott ofrece un buen ejemplo de ello.

Al igual que en muchos otros países, los gobiernos conservadores abogan por recortes en el gasto público, con el argumento de que los déficit fiscales ponen en peligro el futuro de dichos países. En el caso de Australia, sin embargo, tales afirmaciones suenan particularmente huecas – aunque eso no ha impedido que el gobierno de Abbott las ponga en circulación.

Incluso si se acepta la aseveración de los economistas de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff  sobre que los niveles muy altos de deuda pública significan un menor crecimiento – un punto de vista que realmente nunca fue comprobado y que posteriormente ha sido desacreditado – Australia está muy lejos de ese umbral. Su índice deuda/PIB es sólo una porción del índice de EE.UU., y uno de los más bajos entre los países de la OCDE.

Lo que importa más para el crecimiento a largo plazo son las inversiones en el futuro – incluyendo inversiones públicas de crucial importancia en educación, tecnología e infraestructura. Estas inversiones garantizan que todos los ciudadanos, sin importar cuán pobres sean sus padres, puedan desarrollar su potencial a plenitud.