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El agobio de Occidente

BERLÍN – Las consecuencias caóticas de la desintegración gradual de la Pax Americana cada vez son más evidentes. Durante siete décadas, Estados Unidos salvaguardó un marco global que –a pesar de ser imperfecto, y más allá de los errores que haya cometido la superpotencia- en general garantizó un nivel mínimo de estabilidad. Cuando menos, la Pax Americana fue un componente esencial de la seguridad occidental. Pero Estados Unidos ya no está dispuesto a ser el policía del mundo, o no está en condiciones de serlo.

La asombrosa acumulación de crisis y conflictos que enfrenta el mundo hoy –en Ucrania, Irak, Siria, Gaza y Libia- están vinculados a la nueva postura de Estados Unidos. Si la situación alcanzara un punto crítico en otra zona sísmica de la política mundial –digamos, el este de Asia-, el mundo enfrentaría una catástrofe global que surgiría de la sincronización de las numerosas crisis regionales. Obviamente, sería una crisis que nadie podría controlar o contener.

El mundo bipolar de la Guerra Fría es historia. George W. Bush desperdició el breve período en que Estados Unidos fue la única superpotencia verdadera. La globalización económica hasta el momento no ha dado lugar a un marco de gobernancia global. Quizás estemos en el medio de un proceso caótico del cual surgirá un nuevo orden internacional –o, más probablemente, tal vez recién estemos en el comienzo de ese proceso.

El debate sobre un futuro orden global está ocurriendo sobre todo en Occidente –más específicamente, en Norteamérica y Europa-. En un momento en que las potencias emergentes intentan adaptar sus posiciones estratégicas a sus aspiraciones e intereses nacionales, no están dispuestas a articular las ideas y las reglas vinculantes que deberían sustentar un nuevo orden internacional. O tal vez no puedan hacerlo.