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La Ucrania de América Latina

CIUDAD DE MÉXICO– Según todos los indicios, la comunidad internacional se ha resignado a la“apropiación de territorio” de Crimea, como la ha llamado el Vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, por el Presidente de de Rusia. Una vez que Putin decidió asumir las consecuencias de sus actos, poco era lo que podían hacer los Estados Unidos, la Unión Europea o las Naciones Unidas.

Entretanto, América Latina esta experimentando el problema opuesto. Aunque los países de la región tienen los medios para detener la cada vez mayor catástrofe política, económica y de derechos humanos en Venezuela, carecen de la voluntad, mientras que la atención del resto del mundo centrada en Ucrania ha eliminado toda posibilidad de que se los presione para que actúen.

En Ucrania, los EE.UU. y la UE parecen haber decidido adoptar una vía de acción sensata –o, mejor dicho, una doble reacción realista– que probablemente no dará resultados espectaculares, pero, desde luego, es preferible a la pasividad.

En primer lugar, las sanciones impuestas hasta ahora –anulaciones de visados, incautaciones o congelaciones de activos y similares– no devolverán Sebastopol a Ucrania, pero con el tiempo harán mella al menos en algunos sectores económicos rusos. No se puede predecir si unirán a los oligarcas o los dividirán ni si los obligarán a sacar su dinero de Rusia o a llevarlo de vuelta a su país.