haykel15_Royal Council of Saudi ArabiaAnadolu Agency via Getty Images_MBS Royal Council of Saudi Arabia/Anadolu Agency via Getty Images

La recalibración de Biden entre Estados Unidos y Arabia Saudita

PRINCETON – El gobierno del presidente estadounidense Joe Biden se ha negado a imponer sanciones directas al príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salman, a pesar de la evaluación recientemente publicada por la CIA sobre que fue él quien “aprobó una operación [...] para capturar o matar” al periodista saudí Jamal Khashoggi en Estambul en el año 2018. Al no castigar a MBS, acrónimo con el que es ampliamente conocido el gobernante de facto del Reino, Biden ha decepcionado a muchos. Pero Biden, correctamente, puso por delante una de las relaciones exteriores más importantes de Estados Unidos.

El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, resumió bien la postura del gobierno al decir que, si bien Estados Unidos quiere “recalibrar” los lazos entre Estados Unidos y Arabia Saudita, la relación bilateral “es más grande que cualquier persona individual”. La declaración de Blinken, que podría aplicarse por igual tanto al asesinado Khashoggi como a MBS, subraya un hecho importante. Biden, como todos los presidentes estadounidense desde Dwight Eisenhower en la década de 1950, es consciente de que Arabia Saudita es vital para mantener los intereses estratégicos estadounidenses tanto en Oriente Medio como en el resto del mundo, y ha optado por no arriesgarse a romper esta relación al enemistarse con el próximo monarca del Reino.

A muchos demócratas les molesta la gran diferencia entre la retórica de Biden con respecto a Arabia Saudita durante la campaña electoral, en el transcurso de la cual Biden declaró que “los convertiría, verdaderamente, en los marginados sociales que son”, y la realidad de hoy en la que se ceden posturas y se llegan a soluciones de compromiso a momento de gestionar los intereses de política exterior estadounidense. Los críticos de Biden querían que MBS fuera castigado, y hasta que se lo elimine de la línea de sucesión real saudí, y estos críticos consideran la decisión de no sancionar al príncipe heredero como una traición a la política exterior basada en valores que el presidente prometió aplicar.

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