Margaret Scott

Jeremy Lin y la economía política de las superestrellas

CAMBRIDGE – La noticia más resonante en Cambridge en las últimas semanas ha sido Jeremy Lin, el graduado de economía de Harvard que sorprendió a la Asociación Nacional de Básquet (NBA por su sigla en inglés) cuando surgió "de la nada" y de  la noche a la mañana se convirtió en una verdadera estrella, que le permitió a los New York Knicks, un equipo perdedor, asestar una serie improbable de victorias.

El éxito de Lin es delicioso, en parte porque contradice tantos prejuicios culturales sobre los atletas norteamericanos de origen asiático. Expertos pasmados que no supieron detectar a Lin en su momento han estado diciendo cosas como "no proyectaba esta imagen". La integridad obvia y la gracia de Lin le valieron seguidores también fuera del deporte. Todo el mundo tomó nota y a Lin se lo retrató en la tapa de Sports Illustrated en dos números consecutivos. La NBA, que desde hace un tiempo intenta fortalecer el reconocimiento de la marca y el interés en China, está exaltada.

Me confieso un gran admirador de Lin. De hecho, mi hijo adolescente viene idolatrando las habilidades y la ética laboral de Lin desde que se destacaba en el equipo de Harvard. Pero, en mi carácter de economista que observa la furia desbordante del público frente a quienes pertenecen al "uno por ciento", o los individuos con ingresos excepcionalmente altos, también veo una faceta diferente de la historia que ha sido ignorada.

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