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El desperdicio de la guerra

NUEVA YORK – Karl Marx escribió, en una frase que se hizo famosa, que la historia se repite «la primera vez como tragedia, la segunda, como farsa». Sin embargo, cuando vemos lo que ocurre en la actualidad, no podemos evitar preguntarnos si después de una tragedia no nos aguarda otra más. Aquí estamos, a un siglo del inicio de la Primera Guerra Mundial, rodeados de un torrente de violencia, duplicidad y cinismo muy similar al que llevó al mundo al desastre en 1914. Y las regiones del mundo implicadas en ese entonces también lo están ahora.

La Segunda Guerra Mundial comenzó con un cierto modo de pensar, un convencimiento de que los acuciantes problemas sociales y políticos en Europa Central podrían solucionarse por medios militares. Un siglo antes, el teórico militar alemán Carl von Clausewitz había escrito que la guerra es «la continuación de la política por otros medios». Suficientes políticos estuvieron de acuerdo con él en 1914.

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial demostró que Clausewitz se había equivocado trágicamente respecto de los tiempos modernos. La guerra en la era industrial es tragedia, desastre y devastación, no soluciona ningún problema político; no constituye la continuación de la política, sino del fracaso político.

La Primera Guerra Mundial puso fin a cuatro regímenes imperiales: la dinastía prusiana (Hohenzollern), la dinastía rusa (Romanov), la dinastía turca (osmanlí/otomana), y la dinastía austrohúngara (Habsburgo). La guerra no solo causó millones de muertes; dejó además un legado de revolución, bancarrota estatal, proteccionismo y colapso financiero que creó el marco para el ascenso de Hitler, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.