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¿Una doctrina Monroe china?

NUEVA DELHI – Durante su próxima visita a la India, el ministro chino de asuntos exteriores, Wang Yi, se reunirá por primera vez con integrantes del nuevo gobierno indio, entre ellos la ministra de asuntos exteriores Sushma Swaraj y, sobre todo, el primer ministro Narendra Modi. Pero no será meramente una gira de presentaciones. Será una ocasión para que los líderes de China y la India se tanteen mutuamente; de sus conclusiones dependerá la evolución de la relación entre los dos países más poblados del mundo.

En algunos temas, la relación bilateral va por buen camino, especialmente en el frente económico. Sin embargo, en India hay malestar creciente por el desequilibrio comercial favorable a China, cada vez más evidente. Wang es una figura del establishment bien versada en temas de la India, y hará todo lo que esté a su alcance para restar importancia a los desequilibrios y promover el fortalecimiento de las relaciones.

Un desafío mucho más formidable es la disputa fronteriza de ambos países en el Himalaya, el diferendo territorial irresuelto más antiguo del mundo. De hecho, aunque ya hubo 17 reuniones de “representantes especiales” de los dos países para tratar de resolver la cuestión, los avances fueron muy escasos, lo que se debe sobre todo a las inquietudes chinas respecto de las agitadas provincias fronterizas de Tíbet y Xinjiang.

Como si el conflicto no fuera ya bastante complicado, China muestra una actitud cada vez más asertiva en la región, que llega hasta lanzar incursiones por territorios disputados. Por ejemplo, el año pasado tropas chinas levantaron un campamento temporal en el valle Depsang de Ladakh, lo que provocó un incidente de alto nivel con India. Mientras la “línea de control efectivo” siga sin definirse, las tensiones seguirán agravándose, con serios riesgos para ambos países.