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¿Podrá Japón relanzarse?

CAMBRIDGE – Las recientes decisiones políticas del primer ministro japonés Shinzo Abe (intensificar el estímulo monetario, posponer la suba del impuesto al consumo y convocar una elección anticipada a mediados de diciembre) han recreado un intenso debate político en Japón. El problema es sencillo: ¿cómo reavivar el crecimiento después de una crisis financiera en una economía que envejece? La solución no lo es.

Es evidente que la primera ronda de reformas de Abe (la llamada Abenomics) no sirvió para sostener la inflación. Las esperanzas de mantener la recuperación cedieron ante dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. La pregunta es ¿podrá la Abenomics 2.0 llevar la economía japonesa a una nueva senda de prosperidad?

En mi opinión, las “tres flechas” de la primera versión del programa apuntaban en la dirección correcta: hacer “lo que fuera necesario” en política monetaria para regenerar inflación, ayudar desde la política fiscal e implementar reformas estructurales para impulsar el crecimiento a largo plazo. Pero aunque el banco central, bajo la dirección de Haruhiko Kuroda, viene cumpliendo su parte del trato, las otras dos “flechas” de la Abenomics se quedaron cortas.

Faltan reformas significativas en el área de la oferta; particularmente, en la cuestión central de cómo ampliar la oferta de mano de obra. Con una población que envejece y se reduce, el gobierno de Japón debe hallar formas de alentar el ingreso de más mujeres a la fuerza laboral, incentivar a los japoneses de mayor edad a quedarse y crear políticas laborales que ayuden a las familias con hijos. Y sobre todo, Japón necesita una mayor apertura a los trabajadores extranjeros.