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Los burócratas traidores del Japón

Mucho se ha hablado de la aplastante derrota que el Partido Demócrata Liberal del Primer Ministro Shinzo Abe sufrió en las recientes elecciones a la Cámara Alta del Japón, pero, al disiparse el humo de esa votación, ha quedado claro que el auténtico vencedor no es ni el principal partido de la oposición, el Partido Demócrata (PDJ), ni el electorado. Los que lo celebran son, en cambio, los burócratas del Japón.

El objetivo de esos mandarines atrincherados es el de bloquear el plan de Abe para aplicar amplias reformas del funcionariado encaminadas a impedirles saltar a empleos lucrativos después de la jubilación en las grandes empresas públicas y en empresas privadas que en otro tiempo regulaban. También quieren impedir a Abe desmantelar y privatizar el Servicio de Seguridad Social, uno de sus principales feudos. En esa lucha, los mandarines están aliándose con el PDJ, al menos en opinión del público, porque este último ha propuesto fusionar el Servicio de Seguridad Social con la Agencia Tributaria Nacional, iniciativa que garantizaría empleos estatales para sus empleados.

El descenso de los votos del PDL es atribuible en gran medida a la mala gestión por parte de Abe de las cuestiones relativas a los fondos de pensiones, en particular su tardío reconocimiento el pasado diciembre de que estaba enterado de la "pérdida" de 50 millones de expedientes de pensiones, que siguió a otros escándalos menores sobre el uso indebido de fondos políticos, a consecuencia de los cuales hubo dos dimisiones y el suicidio de uno de los ministros del gobierno de Abe.

Pero una observación más detenida revela que tras esos desastres están las manos de los mandarines. Sencillamente, los burócratas, que tienen la obligación de servirles, no proporcionaron a Abe y a sus ministros los datos decisivos al respecto.