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El aislamiento kamikaze de Japón

Parece como si Japón se empeñara en aislarse a sí mismo en Asia. Después de que durante algunos meses el Primer Ministro, Junichiro Koizumi, buscara ostensiblemente mejorar las relaciones de su país con China, su quinta visita al controversial santuario Yasukuni ha vuelto a caldear los ánimos. China y Corea del Sur cancelaron las reuniones de sus cancilleres con su contraparte japonés. Una vez más, Japón perdió la oportunidad de reconstruir la confianza en una parte del mundo en donde, debido a la falta de instituciones de cooperación internacional, la confianza es todo lo que hay.

¿Por qué Japón sigue sin entender que el trato que le da a su historia repercute en todos los lugares de Asia que sus fuerzas militares ocuparon durante la primera mitad del siglo XX? Las reacciones japonesas revelan un grado extraordinario de terca santurronería.

Como el gobierno japonés no deja de señalar, el santuario Yasukuni, construido en 1869, venera a los 2.5 millones de japoneses que han muerto por su país, no sólo a los 14 que fueron juzgados como criminales de guerra después de la Segunda Guerra Mundial. Pero, si bien muchos japoneses sienten (con cierta razón) que Corea del Sur y, en particular, China, explotan el tema del santuario para reducir la influencia de Japón en la región y para incitar el fuerte nacionalismo de sus pueblos, eso no viene al caso.

En efecto, las maniobras políticas internas parecen ser al menos tan importantes para los líderes de Japón como para los de Corea del Sur o los de China. La visita de Koizumi al santuario, planteada oficialmente como la de un ciudadano privado, tuvo la intención de impresionar al público japonés, sin importar su efecto en el extranjero.