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La negligencia financiera de Japón

TOKIO – Cuando le preguntaron si alguna vez había leído el clásico libro de texto sobre economía de Paul Samuelson, algo que casi todos los estudiantes de primer año de la carrera leyeron, el ministro de Finanzas y vice primer ministro japonés, Naoto Kan, respondió: “Leí unas 10 páginas”. Por supuesto, ningún libro de texto puede ofrecer todas las respuestas que un ministro de Finanzas necesita en el mundo de post-crisis de hoy, particularmente para enfrentar los abrumadores desafíos de Japón. Pero muchos japoneses quedaron estupefactos cuando se enteraron de que su ministro de Finanzas recién comenzó a lidiar con los principios básicos de la economía cuando asumió el cargo.

Kan asumió su cargo actual en la administración del primer ministro Yukio Hatoyama el pasado mes de enero. Kan, que fue activista por los derechos civiles durante gran parte de su carrera, es uno de los pocos miembros del gobierno de Hatoyama con una experiencia previa en el gabinete, ya que se desempeñó durante 10 meses en 1996 como ministro de Salud y Bienestar. A Kan, un hombre proclive al debate agresivo, se lo suele mencionar como candidato para suceder a Hatoyama si éste abandonara su puesto –una posibilidad candente, en vista de los niveles de aprobación en picada del primer ministro y su relación tirante con Ichiro Ozawa, el líder del Partido Democrático de Japón (PDJ) de Hatoyama.

Kan se convirtió en ministro de Finanzas cuando su antecesor Hirohisa Fujii repentinamente renunció, aduciendo un mal estado de salud. Pero Kan se asomó a los tropezones por la puerta reclamando, durante su primera conferencia de prensa, un yen más débil –una declaración que le valió un reproche instantáneo por parte de Hatoyama.

El debut internacional de Kan fue igualmente desfavorable. En la cumbre del G-7 en Canadá en febrero, el foco estaba centrado en la crisis financiera griega y sus implicancias internacionales. Kan, en broma, les dijo a los periodistas que estaba contento de que en la reunión no se abordara el tema de la deuda pública de Japón, que ya ha alcanzado casi 900 billones de yenes. El encuentro, resulta ser, fue “todo griego” para él.