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La estrategia emergente de Japón hacia China

El nacionalismo y el fanatismo futbolístico crean una peligrosa mezcla que, hasta hace poco, apenas se había visto en Asia. Esto cambió en la reciente Copa Asiática de Fútbol. Donde fuera que viajaran los jugadores de Japón, se vieron ante multitudes hostiles. Esto culminó en el partido por el campeonato contra China, frente a una inmensa (e inmensamente hostil) masa humana en Beijing. Esto es particularmente preocupante porque, a diferencia de otros lugares del mundo, en China la manipulación oficial ayuda a avivar las llamas del nacionalismo.

Los jóvenes chinos han sido concienzudamente adoctrinados con sentimientos antijaponeses. El ex Presidente chino Jiang Zemin llevó a cabo de manera sistemática e implacable una "Campaña de la resistencia y victoria sobre Japón" durante los años 90, un siniestro mecanismo para desviar el foco del descontento popular y legitimar la continuidad del régimen comunista, al hacer aparecer al Partido como el defensor del honor chino.

Al mismo tiempo, el viejo sentido de superioridad cultural que corre por las venas chinas hace que los sentimientos de inferioridad sean difíciles de soportar. Con la creciente sensación que tiene China de ser una superpotencia, se ha vuelto intolerable el pensamiento de que el país sea más pobre y menos admirado que algunas otras naciones.

Ahora los jóvenes que forman la vanguardia de la modernización económica de China son también fanáticos del fútbol con una mentalidad nacionalista. En lugar de mostrar al mundo un ejemplo temprano de modales decentes de los espectadores para los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008, la Copa Asiática dejó entrever el resentimiento que se agazapa tras el boom económico de China y puso al descubierto la incapacidad del gobierno para controlar a un pueblo cada vez más agitado.