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Los salvavidas humanitarios de Siria

NUEVA YORK – Tras más de mil días de muerte y sufrimiento, dos importantes declaraciones públicas recientes muestran por qué la política para con Siria debe entrar en una nueva fase de intensidad y centrarse más. El mes pasado, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, al exponer su posición más amplia en materia de política exterior, habló de los tres males de Siria: tácticas militares brutales, la amenaza terrorista de la oposición y la necesidad de apoyar a los refugiados. Una semana antes, la Oficina de las Naciones Unidas de Coordinación de Asuntos Humanitarios comunicó detalles espantosos de la crisis de Siria en materia de asuntos humanitarios, incluidos ciudadanos víctimas del fuego de los dos bandos, continuos ataques gubernamentales con bombas de barril y escasez de alimentos y medicinas.

En los tres últimos años, al menos 160.000 personas han resultado muertas, nueve millones han quedado desplazadas y tres millones de refugiados han salido en masa a los países vecinos. Muchos han sufrido horrores indecibles: desde repetidos ataques con armas químicas hasta bombardeos de hospitales y de personas que hacían cola para recibir comida.

El Presidente de Siria, Bashar Al Assad, que cada vez está más fuerte, está actuando con impunidad. La oposición está fragmentada, pues comprende más de mil grupos armados, y los vecinos de Siria apenas pueden hacer frente a la extensión del conflicto.

Hace tres años, pocos habrían creído que el mundo haría tan poco para prevenir semejante situación, pero las gestiones diplomáticas durante ese tiempo han sido lamentables. De hecho, las NN.UU. aún no han substituido a Lajdar Brahimi, quien  dimitió recientemente como su enviado de paz a Siria.