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La burocratizada de la economía de Europa

VARSOVIA – A lo largo de los últimos sesenta años, el proyecto de integración europea ha afrontado muchas dificultades: las penalidades económicas de la posguerra, el pesado yugo del comunismo y la incierta base del mundo posterior a la Guerra Fría, pero, si bien ha superado todos ellos, al constar ahora la Unión Europea de 28 Estados, muchos de los cuales comparten una moneda común, la UE afronta otra dificultad igualmente importante: la de reducir la carga de la reglamentación que recae sobre sus industrias más importantes.

Las empresas europeas están atadas con reglas y reglamentaciones, muchas de las cuales se deben a funcionarios no elegidos de Bruselas, cuya loable intención de armonizar las condiciones empresariales en toda la UE está socavando, en cambio, la creatividad y el dinamismo comerciales del continente. A consecuencia de ello, los resultados económicos son flojos, al decaer la competitividad, y el desempleo, en particular entre los jóvenes, sigue siendo tercamente elevado.

Las instituciones de la UE publican millares de reglamentos, directivas y decisiones todos los años. En 2012, se promulgaron 1.799 leyes; en 2011, fueron 2.062. Algunas leyes, promulgadas hace mucho por una Comunidad Europea de seis miembros fundadores, siguen en los códigos. Ese macizo de burocracia es el que obstaculiza a las empresas y disuade a los empresarios.

Un ejemplo pequeño, pero importante, de ello es el costo medio de la creación de una empresa, que es de 158 euros (212 dólares) en el Canadá, 664 euros en los Estados Unidos y 2.285 euros en la UE (y nada menos que 4.141 euros en Italia). El mero costo de ponerse en marcha es un gran factor disuasor, como podemos imaginar, para un joven emprendedor que intente escapar de las limitaciones del desempleo.