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El largo corto plazo

BERKELEY – Antes de 2008 enseñaba a mis estudiantes que la economía de los Estados Unidos era flexible. Tenía empleadores dispuestos a arriesgarse y contratar trabajadores desempleados que serían productivos; y tenían empleados dispuestos a aprovechar la oportunidad, o intentar algo nuevo a fin de conseguir un empleo. Mientras los empleadores y trabajadores emprendedores se arriesgaran, la oferta crearía su propia demanda.

Sí, yo solía señalar que las sacudidas adversas al gasto en efecto podrían crear desempleo masivo y capacidad no utilizada, pero sus efectos se limitarían a uno, dos o máximo tres años. Y cada año, una vez terminada la desaceleración inicial, la economía estadounidense recuperaría aproximadamente 40% del terreno entre su situación actual y su potencial de pleno empleo.

La duración del corto plazo keynesiano (y monetarista), decía yo que era de 0 a 2 años. Cuando se analizaban eventos en un horizonte de tres a siete años, uno podía asumir sin duda un modelo “clásico”: la economía regresaría al pleno empleo, mientras que los cambios en política y en el entorno económico alterarían la distribución pero no el nivel del gasto, la producción y el empleo. Más allá de siete años era la esfera del crecimiento económico y las instituciones económicas.

Ahora se ha revelado que todo esto está mal, al menos por ahora, si no es que en el pasado o el futuro. Desde principios de los años noventa, Japón ofrece evidencias contundentes de que el corto plazo puede durar décadas y luego vendría no un retorno a la vieja normalidad sino una transición hacia una nueva normalidad en la que una nueva depresión de corto plazo keynesiana tiene consecuencias duraderas. Lo que hemos visto desde 2008 es que Japón no es la excepción.