12

Desiertos injustos

BERKELEY – La mejor crítica del libro Capital in the Twenty-First Century de Thomas Piketty que he leído hasta ahora es la que publicó mi amigo y co-autor frecuente Lawrence Summers en Democracy Journal de Michael Tomasky. Vaya y lea ese texto de inmediato.

¿Todavía está ahí? ¿Qué quiere decir, que no está dispuesto a leer 5.000 palabras? Sería un tiempo bien invertido, se lo aseguro. Pero si todavía está ahí, no le voy a ofrecer una sinopsis ni le voy a revelar las partes más destacadas. Más bien, les voy a ampliar brevemente una información aclaratoria muy pequeña y menor, un aparte en la crítica de Summers sobre filosofía moral.

"Hay mucho de criticable en los acuerdos existentes entre las corporaciones y el gobierno", escribe Summers. "Sin embargo, creo que a la gente como Piketty que desestima la idea de que la productividad tenga algo que ver con la compensación habría que darle un tiempo para recapacitar". ¿Por qué? "Los ejecutivos que ganan más dinero no están… dirigiendo compañías públicas" y "llenando los directorios de amigos", dice Summers. Por el contrario, son "elegidos por firmas de capital privado para dirigir las compañías que controlan. Esto no implica de ninguna manera justificar desde un punto de vista ético una compensación exorbitante -sólo se trata de plantear un interrogante sobre las fuerzas económicas que la generan".

Esta última oración indica que nuestra discusión filosófico-moral sobre quién merece qué se ha entremezclado con la economía de la teoría de la productividad marginal de la distribución de ingresos de una manera esencialmente inútil. Supongamos que efectivamente haya ejecutivos dispuestos a pagar toda una fortuna para contratarlo en una transacción verdaderamente fuera de su alcance, no porque usted les haya otorgado favores en el pasado o porque esperen favores de usted en el futuro. Eso, dice Summers, de ninguna manera significa que usted "se gane" o "merezca" esa suerte.