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Salvar a Italia de sí misma

SIENA – Ahora que la credibilidad local del primer ministro italiano Matteo Renzi se debilita, necesitará hacerse de muchos amigos para superar el obstáculo del referendo constitucional de diciembre y evitar así una conmoción política. Renzi necesitará el apoyo no sólo de su propio partido (que está profundamente dividido por el referendo), sino también de un electorado italiano cada vez más desilusionado con la política en general.

El referendo se convirtió en una prueba de fuego para Renzi y su gobierno, en parte por el error que cometió al afirmar hace unos meses que renunciaría si su propuesta de reforma del Senado (la cámara alta del parlamento) no se aprobaba. Pero el mayor problema de Renzi es que es un primer ministro sustituto no electo que en 2014 prometió traer cambios a un país que ya oyó muchas promesas.

Dos años después, el cambio real es mucho menor al esperado, y Renzi ahora parece más un garante de estabilidad política que un rottamatore (“desguazador” de lo viejo), el apodo que le pusieron. Renzi se desdijo vigorosamente de su juramento de dimisión condicional; pero si los votantes rechazan la reforma del Senado, se convertirá en un pato rengo y es casi seguro que si no cumple su promesa la estabilidad política se verá afectada.

Renzi es un político astuto que comprende e interpela los sentimientos viscerales de muchos votantes respecto de dos cuestiones fundamentales que les preocupan: el estado de la economía y la inmigración. Sabe que la supervivencia de su gobierno (y su propio futuro político) dependen de la confianza de los votantes en su capacidad de resolver ambas cuestiones. No hay garantías de que lo logre.