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Israel vota por la violencia

La guerra y la violencia siempre tienen un efecto directo en las elecciones. Las guerras explican cambios dramáticos en las preferencias electorales y los líderes y partidos radicales a menudo obtienen muchos más votos después de un episodio agudo de violencia que en tiempos normales. Por lo tanto, los grupos étnicos minoritarios frecuentemente pueden influir en el equilibrio de poder entre las fuerzas contendientes principales.

Esto parece ser exactamente lo que ha sucedido en las recientes elecciones de Israel. El Partido Likud de derecha, de Benjamin Netanyahu y el incluso más derechista Avigdor Lieberman con su partido Yisrael Beiteinu (Israel es nuestro hogar) alcanzaron un resultado dominante mientras que el partido Laborista, que ha sido el partido dominante a lo largo de la historia de Israel, quedó relegado a un bajo cuarto lugar.

Durante toda la campaña, los líderes israelíes compitieron para ver quién se enfrentaría con más firmeza (léase violencia) a los palestinos. Tras el ataque israelí contra Gaza, los palestinos esperaban que Israel elegiría un líder que se concentrara en la necesidad de poner fin al sufrimiento, levantar el sitio y comenzar la reconstrucción. Parece que se ha dado exactamente lo contrario.

La última vez que las elecciones israelíes se vieron tan claramente afectadas por la violencia fue en 1996, cuando los resultados de las encuestas variaron muchísimo antes de las votaciones en las que finalmente Netanyahu derrotó por un margen mínimo al primer ministro interino Shimon Peres. En la competencia contra un Peres mayor (que había asumido el cargo tras el asesinato de Yitzhak Rabin) Netanyahu se pintó el pelo de blanco para aparentar más edad y se aprovechó de una mini guerra mal manejada y de la ira de los electores árabes de Israel.