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Los amigos equivocados de Israel

JERUSALÉN – Israel ha estado dándoles la bienvenida a visitantes bastante peculiares últimamente. El populista holandés, Geert Wilders, es una visita asidua, que les dice a audiencias simpatizantes que Israel está en la primera línea de la guerra occidental contra el Islam. Y, en diciembre, una delegación de políticos de extrema derecha europeos visitó los asentamientos judíos en la ocupada Cisjordania, complaciendo a sus huéspedes al decirles que esa era “tierra judía”.

Algunos de estos “amigos de Israel” representan partidos políticos cuyos seguidores, por no decir algo peor, no se caracterizaron tradicionalmente por sus sentimientos fraternales hacia los judíos. Heinz-Christian Strache, por ejemplo, lidera el Partido de la Libertad de Austria, que comenzó, bajo el comando de su difunto líder, Jörg Haider, seduciendo activamente a ex nazis. “Más fuerza para nuestra sangre vienesa”, uno de sus eslóganes electorales, da una idea del tono característico de Strache. Su colega belga, Filip Dewinter, representa un partido nacionalista flamenco manchado por una colaboración en tiempos de guerra con los nazis. 

Con certeza, hoy en día hasta los políticos de extrema derecha en Europa son cuidadosos de no sonar abiertamente antisemitas. Wilders, por caso, es ostensiblemente prosemítico, y a todos los Nuevos Derechistas les gusta acentuar la importancia de lo que llaman los “valores judeocristianos”, a los que hay que defender del “islamofascismo”.

A los críticos de izquierda y liberales de la política israelí les gusta señalar que antisionismo no es lo mismo que antisemitismo. Pero es igualmente cierto que ser amigo de Israel no es necesariamente lo mismo que ser amigo de los judíos.