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De Gaza… ¿adónde?

CAMBERRA – Las palabras más sensatas sobre la segunda guerra de Gaza pueden haber sido las de un israelí que vive en un kibbutz cerca de la frontera con Gaza. “Si quieren defenderme… no envíen las Fuerzas Israelíes de Defensa para ‘vencer’ ”, escribió Michal Vasser en Haaretz el 15 de noviembre. “Empiecen a pensar en el largo plazo y no sólo sobre las próximas elecciones. Intenten negociar hasta que salga humo blanco por la chimenea. Tiendan una mano al Presidente palestino Mahmoud Abbas. Cesen los ‘asesinatos con precisión milimétrica’ y miren también a los ojos a los civiles del otro bando”.

Naturalmente, Israel tiene derecho a defenderse de los ataques con cohetes, pero la enseñanza que se desprende de los dos últimos decenios es la de que los ataques cesan y las intifadas no comienzan cuando existe una perspectiva de paz y que, cuando no la hay, la militancia palestina es incontenible.

Las posibilidades de una solución completa y sostenible con dos Estados que ahora se está negociando con la Autoridad Palestina (AP) de Mahmoud Abbas, radicada en la Ribera Occidental –y su aceptación, aunque a regañadientes, por Hamás de Gaza después de una votación popular– pueden ser escasas y estar reduciéndose, pero la única opción substitutiva es un ciclo recurrente e inacabable de violencia mortal entre israelíes y palestinos.

La prioridad inmediata es la de calmar y estabilizar la situación en Gaza, pero, para que no haya más estallidos y aún peores, las autoridades israelíes deben hacerse algunas preguntas fundamentales, como también sus rancios partidarios en los Estados Unidos y en países como el mío.