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Obama en el nuevo mundo de Israel

PARÍS – Ahora que Benjamín Netanyahu formó un nuevo gobierno israelí que emerge de un vertiginoso calidoscopio de posibles permutaciones posteriores a las elecciones, ¿se desplazó la política del país hacia el centro? El presidente estadounidense Barack Obama cometería un error si pensara que esto es lo correcto, al momento de prepararse para su primera visita oficial.

El inesperado segundo puesto del nuevo partido Yesh Atid (“Hay un futuro”) de Yair Lapid en las últimas elecciones ha cambiado el aspecto del gobierno: los dos principales partidos ortodoxos, Shas (“Asociación Internacional de los Sefardíes Observantes de la Tora”) y Judaísmo Unificado de la Tora, están fuera del gobierno, mientras que dos pequeños partidos centristas, Kadima y Hatnua, están dentro. Pero los que dieron un suspiro de alivio por el debilitamiento del partido Likud de Netanyahu y de los partidos de extrema derecha del país deberían permanecer tan llenos de preocupaciones como siempre lo han estado.

El tira y afloja político terminó por el momento, y el resultado parece asegurado. Netanyahu volverá como primer ministro, y cada partido – ya sea que esté o no en el poder – está dispuesto a bloquear, diluir o disimular cualquier política que el nuevo gobierno logre adoptar. En Israel, la pregunta hoy en día no es si el centro se mantendrá, sino que si ello tiene alguna importancia.

Tanto en el ámbito nacional como en el internacional, el desplazamiento de Israel hacia el centro no reviste tanta importancia en comparación con su adopción de un nuevo tipo de consenso nacional que comenzó a surgir en el año 2011. En mayo y junio de dicho año, mientras la comunidad internacional continuaba debatiendo posibles intercambios territoriales para un cada vez más distante acuerdo de paz con los palestinos, los israelíes se enfocaban en una batalla interna sobre la normativa relativa al queso cottage.