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La solitaria prosperidad de Israel

PARÍS – Resulta difícil no asombrarse ante el contraste entre la energía de la economía y la sociedad civil –similares a las “asiáticas”- de Israel y el carácter puramente defensivo de su actitud ante el cambio político, tanto dentro como fuera del país. Una ley reciente prohíbe a los ciudadanos israelíes apoyar boicoteos occidentales encaminados a abandonar las políticas del país en materia de asentamientos y respaldar un Estado palestino independiente. Mientras que Israel nunca ha estado tan próspero, dinámico y seguro de sí mismo, tampoco ha estado nunca tan aislado internacionalmente.

Israel podría haber aprovechado la “primavera árabe” como una oportunidad y no haberla visto como un profundo riesgo. Si los ciudadanos árabes podían transformar su cultura de humillación en otra de esperanza, tal vez podrían haberse resignado a la existencia de Israel, pero los dirigentes israelíes reaccionaron de forma puramente negativa ante los levantamientos árabes. A su juicio, un ambiente regional complejo ha pasado a ser ahora más peligroso incluso, por lo que la prudencia resulta aún más urgente.

Para Israel, los déspotas del pasado inmediato, como el ex Presidente de Egipto, Hosni Mubarak, eran mucho más previsibles que las “masas árabes”. Si bien algunos de los manifestantes podían estar inspirados en ideales democráticos, no nos hagamos ilusiones, parecen estar diciendo los israelíes: las fuerzas islamistas resultarán ser los únicos triunfadores y son mucho más hostiles a Israel y a Occidente que sus predecesores.

Naturalmente, en vista de las matanzas por parte del régimen sirio de sus propios ciudadanos, algunos en Israel dicen que el sufrimiento de los habitantes de Gaza palidece en comparación, con lo que no les granjea tantos simpatizantes como en el año pasado, pero no por ello se debe olvidar el panorama diplomático general para Israel, que sigue siendo esencialmente negativo.