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El dilema egipcio de Israel

JERUSALÉN – El alzamiento árabe contra la inercia, la desesperación y la decadencia inspiró, con razón, la admiración de la gente civilizada en todo el mundo –es decir, en todo el mundo excepto en Israel-. La caída de las dictaduras árabes corruptas es recibida en Israel con un profundo escepticismo, hasta con hostilidad.

Durante años, el discurso israelí ha sido que una paz verdadera con el mundo árabe sólo sería posible cuando la región abrazara la democracia. Pero la perspectiva de una democracia árabe se ha convertido en una pesadilla para los líderes israelíes. Están acostumbrados a lidiar con autócratas en El Cairo, Damasco y Amman, y ahora temen las consecuencias de una política exterior árabe que responda genuinamente a la voz del pueblo.

Egipto, donde el régimen de Hosni Mubarak fue el aliado más cercano de Israel en la guerra contra Hamas en Gaza y a la hora de frenar el impulso de Irán para una hegemonía regional, es de especial preocupación. La ineficiencia de Mubarak como intermediario de una paz palestino-israelí no les resultó del todo inconveniente a algunos de los líderes de Israel.

Todo esto ahora va camino a cambiar. Es inconcebible, por ejemplo, que una democracia egipcia, en la que la Hermandad Musulmana sería una fuerza política legítima, persista en la complicidad de Mubarak con el sitio israelí de Gaza, controlada por Hamas.