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Israel a los sesenta

Tel Aviv – Hace diez años, en el 50 aniversario de Israel, el proceso de paz iniciado por el revolucionario acuerdo de Oslo, firmado por Israel y la Autoridad Palestina en 1993, estableció la legitimidad de la existencia nacional de dos pueblos en su tierra natal compartida sobre la base de un compromiso territorial. La sensación generalizada era que se estaba resolviendo este conflicto de larga data.

Desafortunadamente, los últimos diez años fueron testigos de un doloroso revés en muchas áreas. Los individuos y los pueblos son capaces de soportar dificultades si existe la sensación de que el futuro será mejor y los conflictos se resolverán. Pero una repentina regresión puede conducir a la desesperación, que es lo que sentimos hoy.

¿Por qué es que luchas mucho más complejas que el conflicto árabe-israelí -el apartheid en Sudáfrica, la división de Alemania o el colapso de la Unión Soviética- parecen haber sido resueltas, por lo general sin derramamiento de sangre, mientras que el conflicto de Oriente Medio, después de más de un siglo, se sigue cobrando víctimas día a día?

Una razón es que este conflicto no tiene paralelos en la historia de la humanidad. No existe ningún otro ejemplo de una nación que regresó después de una ausencia de 2.000 años a un territorio que nunca dejó de considerar como su tierra natal. De modo que no debe sorprender que los árabes, especialmente los palestinos, sigan sin poder entender, existencial o moralmente, lo que les ha ocurrido.