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Un aislamiento no tan espléndido

PARÍS – A fines del siglo XIX, el Imperio Británico aplicó una política de lo que dio en llamar un "espléndido aislamiento", que reflejaba la determinación de sus líderes de mantenerse alejados de los compromisos internacionales. Con la fuerza de su economía y la superioridad de su marina, el Reino Unido podía darse el lujo de no involucrarse en los asuntos de los demás.

Hoy, como lo han demostrado los acontecimientos recientes, el aislamiento es -la mayoría de las veces- un error, una condición poco envidiable que es el resultado de políticas fallidas. El surgimiento de Cuba de décadas de aislamiento forzado es una victoria para la isla, mientras que la condición de paria de Corea del Norte ha llevado al país al borde del colapso. De la misma manera, la diplomacia y las políticas controvertidas de Israel corren el riesgo de dejar al estado judío solo como nunca antes. Y es poco probable que las políticas egocéntricas anunciadas en Rusia y Turquía, impulsadas en gran medida por los egos de sus líderes, produzcan otra cosa que no sea daño.

Al empezar a normalizar las relaciones, Cuba y Estados Unidos lograron evitar en el último instante posible una doble derrota: el fracaso del embargo y el fracaso de la economía cubana. El acuerdo sellado en diciembre le permite al presidente cubano, Raúl Castro, declararse victorioso: pudo recomponer los vínculos sin hacer concesiones políticas significativas. Para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el logro es una posibilidad de cimentar su legado como un presidente transformador, al igual que sus modelos Abraham Lincoln y Franklin D. Roosevelt -inclusive si, al finalizar casi seis décadas de políticas fallidas, se parece más a Richard Nixon, que presidió la apertura a China.

Si bien el Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, fue instrumental a la hora de facilitar la reanudación de los vínculos diplomáticos, también lo fue el desmoronamiento del precio del petróleo. Un aislamiento continuo habría dejado expuesto de manera peligrosa al régimen cubano, considerando la caída de las fortunas financieras de su principal patrocinador, Venezuela, un país rico en petróleo.