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Un desorden amenazante

MÚNICH – Unos años después de la segunda guerra mundial, cuando se ratificó en los Estados Unidos el Tratado del Atlántico Septentrional y se consolidó nuestra relación con Europa, el Presidente Harry Truman dijo simplemente: “Cuanto más estrechamente puedan colaborar las naciones que componen la comunidad atlántica, mejor será para todos los pueblos, en todo el mundo”.

Los decenios transcurridos desde entonces han demostrado que tenía razón y, a medida que nuestra relación transatlántica ha llegado a ser más fuerte y más expansiva, así ha sido también con la democracia, la prosperidad y la estabilidad de Europa, los Estados Unidos y todo el planeta.

Pero, aunque actualmente la relación transatlántica es tan fuerte y decisiva como siempre, no cabe duda de que nos encontramos en un momento decisivo para nuestra asociación. Estamos afrontando muchas pruebas, dos de las cuales son particularmente dignas de atención, porque ponen a prueba el derecho internacional, los mecanismos multilaterales y el orden mundial que hemos ido construyendo y manteniendo durante los setenta últimos años.

La primera prueba es, evidentemente, Ucrania, donde Rusia ha puesto en peligro el panorama de seguridad de la Europa central y oriental: primero, mediante su ocupación ilegal de Crimea y, ahora, con su descarado empeño y de desestabilizar a las claras la Ucrania oriental.